Qué ganas nos quedaron de observar a nuestra selección jugando un partido contra un rival de verdad, de los que realmente sirven para probar el nivel de un equipo. El representativo de Nueva Zelanda impresionó, por su estatura promedio y su pésimo concepto futbolístico mostrado en la gramilla sintética del Ricardo Saprissa.
Me quedé con las expectativas guardadas en el bolsillo. Dexter no pudo mostrar sus reflejos de antología, Bryan sacó a relucir lo aprendido en Europa y dió sendas lecciones al lentísimo mediocampo neozelandes, en tanto que Fonseca, Solís y luego Windell intentaban una y otra vez anotar el gol número 1,000 de nuestra tricolor en juegos internacionales.
Nos quedaron debiendo los "grandulones", al mejor estilo de otros equipos de aquellas latitudes donde también el fútbol es un deporte-industria en desarrollo.
Chile, creo yo, será otra cosa. La "Roja", que nos trae sin duda el recuerdo de la otra "Roja", la nuestra, será una prueba diferente. Más allá de los 4 goles recibidos de Brasil, los chilenos juegan buen fútbol y podrán, ojalá, obligarnos a dejar todo en la cancha de Talca, con lo que el cuerpo técnico nacional tendrá una mejor idea de cómo anda el plantel y de cuán compenetrados están los jugadores con la idea futbolística de Medford.
Desde ya estamos sentados en butaca de primera fila, esperando por un buen juego y con la esperanza además, como buenos ticos, de sacar un triunfo ante Chile.
27 mar 2007
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