
La selección nacional volvió a la acción el sábado en estadio Ricardo Saprissa, la victoria 4-0 dejó grandes sonrisas pero no es tiempo de creérsela.
Hasta un ciego vería que Nueva Zelanda no fue rival para los nuestros, ni siquiera tuvieron calidad de “sparring”, sin embargo que fuese así no es tan malo.
El sin sabor de algunos por no ver a los nuestros presionados y contra la pared, tratando de salir de una exhaustiva marca por ejemplo o de una desventaja en el marcador quedará saldado el próximo miércoles cuando nos veamos las caras ante Chile.
El juego ante los “kiwis” simplemente sirvió para soltar piernas, aplicar ideas tácticas y agradar al público. Como dije antes, el verdadero sentido de competencia que debe tener un contendiente será aplicado ante “la roja sudamericana”.
A pesar de la victoria 4-0, no todo puede ser bueno, este es el caso de la participación de Roy Miller, el cual no aprovechó su oportunidad en este encuentro y podría estar dejando ese espacio para otro.
El lateral se mostró tosco, falto de confianza y en muchas ocasiones técnicamente limitado. Ante la inutilidad de los neozelandeses Miller no podría haber tenido una mejor vitrina para mostrar sus cualidades, sin embargo no fue así, talvez la falta de ritmo en Europa le haya costado una mejor crítica, pero si no está en forma no tiene nada que hacer en la tricolor.
El agrado de todos se dio en el medio del campo, donde Michael Barrantes, Rodolfo Rodríguez y Brian Ruiz se dieron el lujo de combinarse en grandes jugadas con Alonso Solís y levantaron del asiento a muchos aficionados que gustan el juego bonito.
Les cuento que durante todo el encuentro busqué un espacio en ese medio para Walter Centeno y no lo hallé –“el paté” tampoco es mi jugador preferido-. Los jóvenes que se desempeñaron en esa labor lo hicieron con ritmo, movilidad, destreza y picardía, al estilo que el fútbol se practica hoy en día.
No hay mucho que decir de un juego que tuvo solo una cara, el verdadero análisis se vendrá después de Chile…
Hasta un ciego vería que Nueva Zelanda no fue rival para los nuestros, ni siquiera tuvieron calidad de “sparring”, sin embargo que fuese así no es tan malo.
El sin sabor de algunos por no ver a los nuestros presionados y contra la pared, tratando de salir de una exhaustiva marca por ejemplo o de una desventaja en el marcador quedará saldado el próximo miércoles cuando nos veamos las caras ante Chile.
El juego ante los “kiwis” simplemente sirvió para soltar piernas, aplicar ideas tácticas y agradar al público. Como dije antes, el verdadero sentido de competencia que debe tener un contendiente será aplicado ante “la roja sudamericana”.
A pesar de la victoria 4-0, no todo puede ser bueno, este es el caso de la participación de Roy Miller, el cual no aprovechó su oportunidad en este encuentro y podría estar dejando ese espacio para otro.
El lateral se mostró tosco, falto de confianza y en muchas ocasiones técnicamente limitado. Ante la inutilidad de los neozelandeses Miller no podría haber tenido una mejor vitrina para mostrar sus cualidades, sin embargo no fue así, talvez la falta de ritmo en Europa le haya costado una mejor crítica, pero si no está en forma no tiene nada que hacer en la tricolor.
El agrado de todos se dio en el medio del campo, donde Michael Barrantes, Rodolfo Rodríguez y Brian Ruiz se dieron el lujo de combinarse en grandes jugadas con Alonso Solís y levantaron del asiento a muchos aficionados que gustan el juego bonito.
Les cuento que durante todo el encuentro busqué un espacio en ese medio para Walter Centeno y no lo hallé –“el paté” tampoco es mi jugador preferido-. Los jóvenes que se desempeñaron en esa labor lo hicieron con ritmo, movilidad, destreza y picardía, al estilo que el fútbol se practica hoy en día.
No hay mucho que decir de un juego que tuvo solo una cara, el verdadero análisis se vendrá después de Chile…
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